Aragón

El vino aragonés es el alma de su tierra. Y es que las características del territorio junto a la forma de hacer y entender el vino son lo que determinan el alma del mismo. La historia de los vinos de Aragón se remontan al siglo II a.C. no ha sido una historia fácil, pero el resultado de tanto esfuerzo a lo largo de los siglos ha merecido la pena.

Aragón tiene una gran llanura en la parte central y sucesivas montañas que con mucha frecuencia superan los 2000 metros de altitud. A través de los distintos procesos geológicos ocurridos a través de la historia los suelos de nuestra tierra son muy variados: distintos tipos de arcillas, arenas, suelos fértiles, humíferos y de regadío, lo que provoca que cada vino de cada zona de Aragón tenga unas características peculiares.

El vino aragonés es vino de "Terruño", es decir, productos irrepetibles por su originalidad derivada de las condiciones naturales (físicas, de producción y humanas) del territorio donde se produce.



Y es que el vino aragonés es reflejo de su tierra, pero también de sus gentes y su manera de hacer y entender el vino. Gente noble, hospitalaria, trabajadora, obstinada y perfeccionista. Por ello el resultado no puede ser otro que vinos con un carácter y peculiaridades que los hacen únicos, donde la uva Garnacha campa a sus anchas y produce vinos reputados a nivel nacional e internacional.