Cataluña

La vid y el vino fueron introducidos por los griegos en el área del Ampurdán. En época de los romanos se desarrolló el comercio de los vinos del Campo de Tarragona y de Alella, en los alrededores de Tarraco y Barcino.

Durante el siglo XVIII se extendió la exportación. De una parte se exportaba el vino del Ampurdán al Languedoc, y por otra parte se estimuló el cultivo de las comarcas litorales y prelitorales por la exportación a América como vino concentrado en aguardiente. Desde Villanueva y Geltrú se exportaba la producción del Penedés, desde Salou la producción del Bajo Campo y del Priorato, y en menor medida desde los puertos de Rosas, Bagur, Mataró, Barcelona y Tarragona.

A partir de 1865, con la irrupción de la filoxera en Francia, todos los puertos orientaron la exportación al Languedoc y Provenza para atender la gran demanda francesa. Entre los años 1878 y 1900 la filoxera acabó destruyendo toda la viña de Cataluña. La replantación comportó un cambio, pasando la producción máxima del Bages al Penedés, y provocando el despoblamiento del Priorat. 


La replantación de cepas blancas favoreció el desarrollo del cava. Se crearon las primeras cooperativas vinícolas en Alella, Igualada y Artés, impulsadas por la Mancomunidad de Cataluña. Coincidiendo con el modernismo se construyeron grandes "cellers cooperatius" (bodegas cooperativas), denominados "catedrales del vino", en Barbará, Espluga de Francolí, Falset, etc. En Raimat se produjo una experiencia inédita en Europa[cita requerida] de colonización agrícola.

Durante la I Guerra Mundial se produjo una demanda excepcional. La superproducción quedó paralizada por la Guerra civil española y la II Guerra Mundial. A partir de los años 1960 el cultivo se renovó introduciendo nuevas variedades de uva y nuevos métodos vinícolas, destacando el Penedés como adalid en tecnología y la recuperación del Priorat.